¿Qué es un ictus?

Imatge que es ictus ok

Uno de cada seis españoles va a sufrir un ictus a lo largo de su vida, pero, a pesar de la alta frecuencia de este episodio muchas personas aún no saben qué es y cuáles son sus causas.

El ictus son un conjunto de enfermedades que afectan a los vasos sanguíneos que suministran la sangre al cerebro.

Este grupo de patologías, conocidas popularmente como embolias, también se denominan accidentes cerebrovasculares (ACV) y se manifiestan súbitamente.

El ictus es el equivalente a un infarto de corazón, pero en el cerebro.

Existen dos tipos principales de ictus. Son los ictus hemorrágicos o hemorragias cerebrales, que se producen cuando un vaso sanguíneo (vena o arteria) se rompe, y los ictus isquémicos o infartos cerebrales, que ocurren cuando una arteria se obstruye por la presencia de un coágulo de sangre.

A menudo, este trombo se origina en el corazón y se desplaza hasta el cerebro, donde interrumpe el flujo sanguíneo.

Cuando se sufre un ictus, el daño cerebral adquirido puede ser irreparable y dejar secuelas graves, que repercutan de forma notable en la calidad de vida de los afectados.

Después de un ictus, sólo un tercio de los pacientes se recupera totalmente, otro tercio queda con secuelas y otro tercio fallece.

Además, el 25% de las personas que padecen un ictus mueren durante los 30 días siguientes.

Impacto del ictus

El ictus es un problema de salud más frecuente e importante de lo que buena parte de la población piensa, ya que puede resultar altamente incapacitante y mortal.

En la actualidad, es la primera causa de discapacidad grave en el adulto (tanto física como intelectual) y de dependencia; la segunda causa de muerte en España y la primera en la mujer española.

En nuestro país, el ictus afecta cada año a unas 130.000 personas, de las cuales 80.000 fallecen o quedan con alguna discapacidad.

Más de 300.000 españoles presentan alguna limitación en su capacidad funcional, tras haber sufrido un ictus.

Y, desde el punto de vista económico, el ictus supone entre el 7% y el 10% del gasto sanitario.

Actualmente, este trastorno es más común a edades más avanzadas. El 75% de los ictus ocurren en personas de más de 65 años.

Se estima que, en el 2050, España tendrá una de las poblaciones más envejecidas del mundo, por lo que se prevé que el impacto demográfico, sanitario y social del ictus aumente en las próximas décadas.

No obstante, el ictus no sólo afecta a los sectores más envejecidos de la población.

Cada vez se registran más casos entre adultos jóvenes, debido a los hábitos de vida incorrectos e insanos que adoptan.

Hoy, entre el 15% y el 20% de estos ACV afectan a individuos de menos de 45 años.

Detección del ictus

La detección precoz del ictus es fundamental para diagnosticar qué tipo de accidente cerebrovascular es y suministrar el tratamiento adecuado lo antes posible.

De esta manera se puede reducir al máximo sus secuelas y la mortalidad de las personas afectadas.

Las seis señales de alarma del ictus son las siguientes:

  1. Pérdida de fuerza en la cara, brazo y/o pierna de un lado del cuerpo, de inicio brusco.
  2. Trastornos de la sensibilidad, sensación de “acorchamiento u hormigueo” de la cara, brazo y/o pierna de un lado del cuerpo, de inicio brusco.
  3. Pérdida súbita de la visión parcial o total, en uno o ambos ojos.
  4. Alteración repentina del habla, dificultad para expresarse, lenguaje que nos cuesta articular y ser entendido por quien lo escucha.
  5. Dolor de cabeza de inicio súbito, de intensidad inhabitual y sin causa aparente.
  6. Sensación de vértigo intenso, inestabilidad, desequilibrio o caídas bruscas inexplicadas, si se acompañan de cualquiera de los síntomas descritos con anterioridad.

Cuando una persona o alguien de su entorno se percata de que está padeciendo un ictus, debe acudir o ser trasladada lo antes posible a un hospital donde pueda recibir atención neurológica urgente y que disponga, preferiblemente, de unidades de ictus.

Las primeras tres horas desde el inicio de los síntomas son claves: cuanto más rápido se actúe, el paciente tendrá más probabilidades de recuperarse y menos de quedar con secuelas o de morir.

Además, el tratamiento actual para los infartos cerebrales sólo funciona durante las primeras tres horas desde la aparición de los primeros síntomas.

Una vez transcurrido este intervalo de tiempo, el tratamiento deja de ser eficaz.

En el hospital, el paciente se identifica el origen del ictus y se procede a tratarlo en función de este.

Los ictus hemorrágicos debidos a malformaciones congénitas de los vasos sanguíneos y aneurismas se tratan con embolización, que consiste en administrar sustancias que taponan las arterias que se han roto.

En cambio, los ictus isquémicos o infartos cerebrales se tratan con un fármaco trombolítico o fibrinolítico (el rt-PA); este tratamiento destruye el trombo que causa la interrupción del flujo sanguíneo en el cerebro y permite restaurar la circulación.

Pero sólo es eficaz durante las primeras tres horas en las que se administra, por lo que es fundamental actuar con rapidez.

Factores de riesgo del ictus

Los ictus se pueden prevenir.

Algunos de los factores de riesgo, como la edad, antecedentes familiares, sexo y raza, no se pueden modificar.

Pero otros factores de riesgo sí son corregibles.

Los factores de riesgo modificables más importantes son el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, consumo de drogas, la hipertensión arterial, tener niveles de colesterol elevados en sangre, la diabetes, la obesidad, la vida sedentaria, las dietas ricas en sal y en grasas y enfermedades del corazón, como la fibrilación auricular.

La prevención primaria del ictus se basa en la identificación y corrección de estos factores de riesgo para evitar este accidente cerebrovascular cuando aún no ha ocurrido.

La fibrilación auricular y el ictus


La fibrilación auricular (FA) es la arritmia cardiaca más frecuente en los adultos de todo el mundo y una de las principales causas de ictus.

A medida que aumenta la edad, también lo hace su frecuencia en la población. Los datos epidemiológicos demuestran el importante impacto de ambas enfermedades –la FA y el ictus- y la existencia de una muy estrecha relación entre ambas, puesto que:

  • Las personas con FA presentan entre cuatro y cinco veces más posibilidades de sufrir un ictus embólico.
  • El riesgo de ictus asociado a FA aumenta notablemente con la edad, hasta un 23,5% en edades avanzadas, de los 80 a los 89 años.
  • En España, el 11% de los ictus están causados por la FA.
  • La FA afecta a alrededor de una de cada cuatro personas a partir de los 40 años.
  • Más de nueve millones de personas sólo en Europa y en Estados Unidos padecen FA.
  • Hasta tres millones de personas en todo el mundo sufren ictus relacionados con la FA cada año.
  • Los ictus debidos a la FA suelen ser graves, con un aumento de la probabilidad de muerte del 20% y de discapacidad del 60%, con los consiguientes costes que supone para la sanidad y para la sociedad.

Qué es la FA?

Para entender el significado y alcance de este término médico es importante conocer cómo funciona el corazón.

Esquemáticamente podría decirse que:

  • Los latidos del corazón están controlados por señales eléctricas que se propagan por este órgano y provocan su contracción y su acción de bombeo.
  • En el corazón que late correctamente las cavidades superiores (o aurículas) se contraen y envían sangre a las cavidades inferiores (ventrículos). Después, los ventrículos se contraen y bombean sangre a los pulmones y el resto del organismo.
  • Pero en la fibrilación auricular las señales eléctricas de las aurículas no se transmiten correctamente, lo que provoca un temblor (o fibrilación) de las aurículas.
  • Esta fibrilación auricular conduce a una alteración del ritmo cardiaco, que deja de ser regular. Esto significa que la sangre no es bombeada correctamente y pueden quedar restos de sangre en las auriculas y formarse coágulos.
  • Estos coágulos tinen el riesgo de desprenderse y llegar al cerebro provocando un ictus por falta de riego sanguíneo.
  • Los síntomas de la fibrilación auricular son palpitaciones, mareos, dolor en el pecho y dificultad respiratoria, aunque no todos los pacientes tienen los mismos e incluso algunos no tienen síntomas

Por qué la FA eleva el riesgo de ictus?

Algunas personas que notan los síntomas de la FA, piensan erróneamente que van a sufrir un infarto cardiaco, cuando la auténtica amenaza de la FA es el infarto cerebral o ictus.

La explicación es la siguiente:

  • La contracción incorrecta de las aurículas hacia los ventrículos hace que puedan quedar restos de sangre en las aurículas.
  • Estos restos de sangre se agregan en las aurículas y forman coágulos. 
  • A veces, estos coágulos tienen el riesgo de desprenderse del corazón y viajar, a través de la circulación de la sangre, donde se quedan atrapados y obstruyen el riego sanguíneo.
  • Si impiden que la sangre llegue al cerebro, las células cerebrales no obtienen el oxígeno que necesitan para sobrevivir.
  • Cuando el cerebro se queda sin oxígeno, la persona afectada padece un ictus de tipo isquémico o infarto cerebral.

Prevenir la FA es prevenir el ictus


Algunos factores de riesgo que pueden causar la FA son la hipertensión arterial, la diabetes, el envejecimiento, la insuficiencia cardiaca, la hiperfunción de la glándula tiroides u otros problemas hormonales o el consumo de mucha cantidad de alcohol o café.

Como ocurre en el caso del ictus, algunos factores, como el envejecimiento, no son modificables, pero otros como mantener un buen control de la tensión arterial, de la diabetes o evitar la ingesta excesiva de alcohol pueden ayudar a prevenir tanto la FA como el ictus.

Tratar la FA también es prevenir el ictus

Una vez que se diagnostica la FA, mediante un electrocardiograma es clave tratarla para reducir el riesgo de ictus.

El paciente debe seguir fielmente las instrucciones y pautas que le indique su médico.

Existen distintos tipos de tratamientos para la FA:

  • Tratamiento para controlar la frecuencia cardiaca: Está indicado en los pacientes con FA y frecuencia cardiaca alta (taquicardia), ya que permite normalizarla, así como paliar otros síntomas, como los mareos.
  • Tratamiento para controlar el ritmo cardiaco: Puede llevarse a cabo mediante la llamada cardioversión eléctrica o farmacológica para restaurar el ritmo regular del corazón.
  • Tratamiento con ablación: se aplica a las personas que tienen posibilidades de curarse por este procedimiento, cuando la medicación antiarrítmica no funciona, y rara vez como tratamiento de primera línea. Se puede llevar a cabo de dos formas: mediante cirugía o mediante un cateterismo.
  • Tratamiento anticoagulante para prevenir el ictus: disminuye la capacidad de la sangre para coagularse y, de esta forma, impide la formación de trombos en las aurículas que posteriormente puedan desprenderse y producir un ictus isquémico.

Más sobre anticoagulación

En España unas 600.000 reciben tratamiento anticoagulante, bien porque ya han sufrido un ictus o porque padecen alguna enfermedad cardiovascular, como la FA, que aumenta el riesgo de padecer un ictus.

  • Los anticoagulantes se pueden administrar por vía oral, subcutánea o directamente en la vena.
  • Los medicamentos inyectables se administran durante breves periodos de tiempo para prevenir la formación de coágulos en casos de inmovilización tras una cirugía o por un traumatismo.
  • Los medicamentos orales autorizados actualmente en España son los antagonistas de la vitamina K.
  • Estos medicamentos orales actuales tienen algunos inconvenientes para la vida diaria de los pacientes: su efecto no es constante ni predecible, por lo que deben hacerse analíticas periódicamente para ajustar la dosis del tratamiento.
  • En este contexto, surge una nueva generación de anticoagulantes orales. Si quiere mas información, consulte con su médico.

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